Viaje por la Ruta Escondida (I): Santa Mª la Real de Gradefes - Cook&It
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Viaje por la Ruta Escondida (I): Santa Mª la Real de Gradefes

Os invitamos a conocer estos cuatro monasterios, su historia, sus leyendas, en un viaje apasionante por la desconocida Ruta Escondida  ¿nos acompañas?

Allá por el siglo XII cuando el Reino de León, gobernado por Alfonso VII alcanzó su máxima extensión, siendo Imperio y este rey fue coronado como emperador en la Catedral de León, en la próspera y cercana ribera del Esla se alzaban varios Monasterios de gran importancia: Santa María de Sandoval, San Pedro de Eslonza, San Miguel de Escalada y Santa María la Real de Gradefes.

El primero de los monasterios que os vamos a enseñar es Santa María la Real de Gradefes, a unos 30 km de la ciudad de León, a orillas del Esla en un entorno natural de gran belleza y riqueza medioambiental, encontramos el pueblo de Gradefes que esconde una joya arquitectónica que sorprende y enamora desde el primer momento que la divisas tras el muro de piedra de río y barro.

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En 1168 se levanta el monasterio cisterciense, con unas monjas venidas de Tulebras en Navarra. La fundadora Dª Teresa Pérez, al quedar viuda del adelantado del rey Alfonso VII “El Emperador”, D. García Pérez, se sume en una profunda tristeza y decide retirarse a la vida monacal, construyendo este cenobio en unas tierras de su propiedad cercanas a su Señorío de la villa de Rueda.

Nos sorprende ya su entrada, en arco ligeramente apuntado con decoración en diente de sierra que veremos también en la sala capitular, unas puertas de madera del s.XVII que nos conducen directamente de la nave del evangelio a la cabecera de la iglesia, de grandes dimensiones y nos muestra la transición del románico al gótico en los distintos elementos arquitectónicos: arcos de medio punto junto con otros ligeramente apuntados (ojivales), bóvedas de crucería y de horno.  La desproporción de la cabecera respecto al cuerpo de la iglesia, es singular, probablemente debido a la escasez de fondos para continuar con las obras en los siglos sucesivos.

La desproporción y la girola dotan a la iglesia de una belleza única y singular.

Otro elemento a destacar es la girola, única en un monasterio cisterciense femenino en España, es el pasillo que recorre el altar mayor, separado por siete arcos, y que dota de gran belleza a la iglesia, fundada según inscripción en la piedra fundacional en la era 1215,  1177 año cristiano.

Nada más entrar a ambos lados de la puerta, dos enterramientos en arcosolio, probablemente de dos abadesas, un tercer enterramiento sobre unos leones de piedra puede ser de un noble, Martín Diez de Prado, según los historiadores. Y un cuarto: una figura yacente en arcosolio rematado con la flor de lis y guardado por la Virgen del Sepulcro tallada en piedra, que según nos indica una piedra bajo la fundacional fue D. Nicolas, capellán del monasterio en el s. XIV.

Los sepulcros con figuras yacentes de un caballero, con vestiduras de guerra y espada, y una dama con manto con pliegues, ambos con restos de policromía, son los de fundadores del monasterio, D.García y Dª Teresa. Como dato curioso, al abrir las tumbas en 1959 se encontraron en la tumba de la fundadora unos zapatos de cuero, Chapines, y restos de su indumentaria: la redecilla del tocado y parte del ribete en hilo de oro de su vestido, que tan sutilmente representó el escultor en la figura sepulcral.

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La decoración típica del Cister que es austera para evitar la perturbación y distracción de la oración, y que no usaban figuras animales ni humanas, se rompe en algunos de los capiteles y claves de esta iglesia.

Los canteros realizan figuras en las claves, situadas en la parte central de los nervios de las bóvedas, como un Centauro, el Agnus Dei, el arcangel San Miguel matando un dragón y una cruz griega formada por cuatro hombres, así como la rosa mística que representa a la Virgen.

Y también en los capiteles nos encontramos figuras que rompen con esa estética: arpias, las palomas picando una piña, las arcadas del claustro o rostros humanos como un hombre barbudo, un bello rostro que se perfila desde la girola al altar mayor, y una cara ceñuda con orejas puntiagudas. En el altar mayor destacan varios rostros en los capiteles superiores y uno muy llamativo por sus desproporción y temática: cabeza grande de mujer y de un mono enlazados por el tronco.

En el s.XIV se hace una pequeña inversión ampliando en dos tramos de la nave de la epístola, de inferior calidad arquitectónica. Y no es hasta el s.XVII cuando en la nave central se hace el coro, de dimensiones inferiores a la cabecera de la iglesia. siendo la sillería muy sencilla del s.XVIII.

Pasamos al claustro del monasterio desde la iglesia, en una hornacina nos recibe San Bernardo junto a la puerta de la Sacristía rematada con el escudo de la familia Cabeza de Vaca, dado que hubo tres abadesas de esta familia en los s.XV-XVI. La paz se percibe en las pandas del claustro de sencillas arcadas de piedra caliza de Boñar, cuidadosamente restaurado, por entre los arcos la luz inunda el ala este del claustro mostrándonos la majestuosa portada de la Sala Capitular: consta de siete arcos ligeramente apuntados, siendo más alto en central que sirve de entrada, decorados, al igual que la puerta de entrada a la iglesia, en zig-zag o diente de sierra influencia del gótico bizantino, apoyados sobre columnillas con capitel campaniforme decorado con tenues hojas de papiro, formando un conjunto arquitectónico difícil de superar, dotado de movimiento y de una gran belleza.

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Salimos a la gran huerta monacal, por donde pasa la “presa de la abadesa o de las monjas” donde en el s.XVII apareció la Virgen de las Aguas, imagen milagrosa, que sacaba el pueblo en procesión para pedir que lloviera.

Desde aquí podemos admirar los ábsides y cabecera de la iglesia, que desde la parte exterior presenta una arquitectura románica. Fijándonos especialmente en los canecillos que sujetan el alero, con figuras de la vida cotidiana, caras de personas o animales, figuras geométricas, incluso otras que no podemos identificar, y donde cabe destacar una mano que sujeta una esfera, el canecillo de los aluches que hace referencia a las tradiciones de la región: la lucha leonesa, el de la abadesa y un capitel de la columna que hace las veces de contrafuerte, que muestra al diablo y San Miguel pesando las almas, la psicostasis.

Desciende el Esla desde los Picos de Europa regando una vega próspera, verde y de gran riqueza medioambiental, como testigo mudo de la Historia de una de las zonas con más riqueza patrimonial de la provincia de León. La Ruta Escondida discurre por cuatro antiguos monasterios que tuvieron gran importancia en la edad media, pero además iglesias, cuevas o eremitorios. edificios de arquitectura popular y restos arqueológicos entre los que destaca el Yacimiento Arqueológico de la antigua ciudad astur-romana de Lancia.

Nosotros iremos visitando estos Monasterios para compartir su historia con vosotros, pero nos encantaría conocer vuestra opinión, que nos contéis si los habéis visitado, ¿qué es lo que más os ha gustado del Monasterio de Santa María la Real de Gradefes?

Sara Consentini
[email protected]

Grado en Turismo, experta en Desarrollo de Proyectos Turísticos. Docente. Guía turístico. Social Media y Marketing turístico.

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